lunes, 4 de septiembre de 2017

El Big Bang

Rindese él a la ignota belleza del semblante, a la deslumbrante magia, al misterio de aquella extraña, incomprensible esencia.

Baluarte que desata el hambre de conquista del belicoso guerrero.
Paradójica completud disfrazada de mitad.
Paradójica y perfecta... rindese la masculina gallardía ante la femenina, divina presencia.

De un beso robado hace ella la aventura. Desdoblado el tiempo por aquellos salvajes (tiernos) labios, sensual espejo de su propia grandeza, se hace ella eterna, inconmensurable Diosa. Es él quien la descubre, desde aquellos codiciosos, estupefactos ojos, con aquellas firmes, (suaves) manos, quien la recrea, quien la llama, haciéndola certeza. Es por esos besos extasiados que rompe lo divino su capullo y se hace carne... y vida.

Es ella... Diosa.
... y él quien la adora.

Son ambos la danza del sol y la luna, son ambos los hermosos.
De ambos el universo... y la existencia.



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